El Modelo Urbano

01 El Modelo Urbano

Las cuestiones relacionadas con el medio ambiente y el equilibrio necesario entre el consumo y la preservación de los recursos naturales comenzó a tener su importancia a nivel mediático en los años setenta, con los Informes del Club de Roma, pero no sería hasta bien entrados los ochenta y los noventa, cuando la Comisión Europea, en paralelo a la cumbre de Río de Janeiro de 1992, y la Carta de Aalborg de 1994, comenzó a desarrollar normativas relacionadas con las emisiones contaminantes de la industria, sobre la calidad del agua, o el ruido de la ciudad.

Más recientemente, desde la constatación científica del cambio climático y sus consecuencias para el planeta, la fauna y la flora, así como para los ciudadanos que lo habitamos, la Unión Europea ha desarrollado gran parte de su actividad en el desarrollo de programas relacionados con el Cambio Climático, y los riesgos naturales que puede conllevar el aumento de temperatura previsto por el Panel de Expertos de Naciones Unidas y la Agencia Internacional de la Energía, si no se llevan a cabo rápidas y contundentes acciones en nuestro nivel de consumo de recursos y de emisiones a la atmósfera.

En el ámbito mediterráneo, donde los peligros de erosión y desertización del territorio caminan parejos con los provenientes de un aumento del nivel del mar, el grupo de ciudades liderado por la ciudad de Málaga ha estado trabajando en una propuesta desarrollada desde 2008 que relaciona el cambio climático con los modelos urbanos de configuración de las ciudades.

Se pone de manifiesto, por tanto, la existencia de una relación entre los desafíos del cambio climático y la sostenibilidad del desarrollo urbano de las ciudades. La propuesta de actuación sobre modelos urbanos que se realiza a través de CAT-MED se articula en torno a tres conceptos claves: la compacidad, la complejidad y la proximidad a servicios básicos. Estos conceptos relativos a la configuración urbana y de manera más general a los modelos de ciudad, han sido las referencias sobre las cuales se asientan las líneas de trabajo del proyecto CAT-MED, a través de las cuales poder establecer unas pautas para encaminar el desarrollo de las ciudades mediterráneas hacia la sostenibilidad.

En la actualidad, el 80% de la población de la parte europea del mediterráneo vive en ciudades, donde se concentran la mayor parte de la actividad productiva y consumidora tanto de energía, como de los recursos naturales que la propician. Cerca de un 50% de las emisiones de CO2 que se emiten a la atmósfera tiene relación directa con la construcción y el uso de edificios. Otro 25% procede de las emisiones procedentes del transporte público y privado. En torno al 40-50% de la población de las grandes ciudades utilizan de manera habitual el vehículo privado.

Por tanto, una posible modificación de las conductas habituales hasta ahora generadoras del consumo de energía, tendría una relación directa con el ahorro de recursos naturales, y un efecto beneficioso sobre las emisiones de CO2 y otros gases y partículas a la atmósfera, y su relación con el cambio climático.

El objetivo general de CAT-MED es actuar sobre los modelos urbanos de organización territorial, contribuyendo a que la configuración de la ciudad facilite no solo una mayor eficiencia energética, sino que ello suponga el aumento de la movilidad y la accesibilidad entre las personas y la distribución de bienes y servicios, aumentando la accesibilidad y conectividad humana, la cohesión social, que deriva en una mejor calidad de vida para el conjunto de la población.

En la imagen inferior de la ciudad de Valencia se observan las características principales de la ciudad compacta y compleja. La Gran Vía y la Diagonal articulan el territorio, donde la compacidad de la edificación es elevada, y los usos diversos: residencia, comercial, terciario, educativo, ocio.

02 Compacidad, complejidad y proximidad a los servicios básicos

Ya desde los años sesenta en la bella ciudad de Bolonia, Campos Venutti y Aldo Rossi nos proponían recuperar la ciudad antigua, sus señales de identidad y su referencia colectiva, donde el modelo de ciudad europea y más concretamente de ciudad mediterránea presentaba las formas más acordes con un equilibrio entre consumo urbano y recursos naturales.

La ciudad clásica mediterránea reúne dos conceptos complementarios que la hacen más asequible al hábitat humano, y al tiempo propician un menor consumo de recursos naturales: la compacidad y la complejidad. La compacidad supone la agrupación de edificaciones con al menos un nivel mínimo de densidad, la suficiente para que pueda existir un nivel de actividades diferentes, y por tanto una transferencia de información y de relaciones. La complejidad es la otra cara de la moneda de la compacidad, representa la diversidad de actividades humanas que se ubican en las diferentes partes de la ciudad.

La compacidad y la complejidad suponen que la ciudad tenga un tamaño más reducido que la ciudad dispersa y monofuncional que a lo largo del siglo XX fue extendiéndose a partir de la idea norteamericana de ciudad, donde las comunicaciones y el transporte estaban regidos por el uso de dos nuevas industrias, la del automóvil y la gasolina.

Los nuevos modelos urbanos conducían al crecimiento progresivo de la ciudad hacia el exterior, articulada con vías rápidas, y donde los usos y actividades estaban separados en el territorio. La vivienda, particularmente la unifamiliar, gran consumidora de suelo, cubría extensas extensiones de uso residencial. Para conectarse con otros usos necesarios, el trabajo, el comercio, la educación o el ocio, era imprescindible el uso del transporte privado.

En Denver, el 96% de la población usa habitualmente el vehículo privado para desplazarse entre las diferentes actividades y usos urbanos. Las emisiones per cápita en la ciudad norteamericana suponen 22 toneladas de CO2 a la atmósfera. El uso del automóvil en Málaga, semejante a otras ciudades europeas es del 40%, y su nivel de emisiones de 4,2 toneladas, cinco veces menos que la capital de Colorado.

Las relaciones entre el modelo urbano, denso, compacto, complejo en actividades y usos, y en la facilidad a su acceso, y el consumo energético son muy diferentes de las establecidas en la ciudad dispersa.

La ciudad mediterránea histórica produjo esa mezcla de compacidad y complejidad urbana que desde el medievo facilitaba la comunicación y el intercambio de bienes y servicios entre los ciudadanos a una escala peatonal. Hoy en día todavía conservamos las mejores características de la ciudad mediterránea, para ir de nuestra casa al mercado o al comercio lo podemos hacer andando, al igual que para llevar los niños al colegio, o mejor aún pueden ir ellos solos.

La ciudad compacta y compleja no solo facilita la movilidad y la accesibilidad, sino que además posibilita la dedicación de más tiempo a las actividades sociales o personales, que en la ciudad dispersa se pierden en continuos atascos de tráfico.

Esta idea de recuperar lo mejor de la ciudad tradicional mediterránea, su organización, y la introducción de elementos innovadores, procedentes de las nuevas tecnologías ahorradoras de energía, fue el elemento que desarrolló el proyecto CAT-MED, cuyo objetivo reflejaba la complementariedad de la cohesión territorial y social.

El proyecto CAT-MED tiene por objeto la recuperación de la ciudad clásica europea y mediterránea como ejemplo de organización urbana. No es un nuevo modelo, afortunadamente ya lo teníamos, aunque hasta no hace mucho tiempo no éramos capaces de apreciarlo.

De acuerdo a este modelo común de organización urbana, desarrollamos una propuesta de configuración de la ciudad que tenga en cuenta las principales características de la ciudad mediterránea, una determinada densidad de población, niveles suficientes de compacidad urbana y una elevada complejidad en la mezcla de usos y funciones. Las ciudades mediterráneas son diversas entre sí, pero tienen características comunes. Veamos el ejemplo de la Emilia Romana y el Veneto, donde podemos contemplar formas urbanas muy similares, pero que tienen un claro denominador común desde la organización urbana del medievo, la renacentista, la barroca o la moderna, y es la mezcla de actividades económicas y sociales en un espacio delimitado, donde la escala peatonal era importante para la mayor parte de los desplazamientos. Estas características la diferencian de otros modelos urbanos ajenos a Europa, menos eficientes en el uso de los recursos naturales, y en facilitar la conectividad de las relaciones humanas.

La idea de sostenibilidad en los modelos urbanos conlleva la interrelación de las actuaciones territoriales de la configuración de la ciudad con los elementos ambientales, paisajísticos, de una gestión óptima de los recursos naturales, y del fomento de la cohesión social y la participación ciudadana. No es posible actuar en una parte del mosaico urbano, sin tener en cuenta las repercusiones en el resto de los ámbitos.

03 Enfoque integral

A nivel de planeamiento urbanístico, podríamos señalar cinco características que habitualmente han caracterizado la ciudad mediterránea clásica compacta y compleja, y la han diferenciado nítidamente de los modelos urbanos dispersos y difusos. Son características muy vinculadas entre sí, de forma que separadamente carecerían de sentido, y tampoco estarían relacionadas con cuestiones como la eficiencia energética o las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera: La densidad urbana, la compacidad edificatoria, la complejidad de usos y funciones, la accesibilidad y proximidad a los servicios y equipamientos básicos, y la movilidad en el entorno urbano.

Esta mirada sobre los modelos urbanos y la configuración de las ciudades no se desarrolla, por tanto, únicamente desde un punto de vista territorial, sino a través de un enfoque integral, ya que, como se acaba de señalar, la organización del territorio tiene una influencia directa tanto en la movilidad como en la gestión de los recursos naturales, la eficiencia energética o los aspectos relativos a la cohesión social y el desarrollo económico.

La necesidad de optar por un enfoque de trabajo integral es clara. Desde los principales documentos de referencia, como la Carta de Aalborg (1994) o la Carta de Leipzig (2007) se insta a trabajar en esta línea. La Carta de Málaga también opta por este enfoque integral tanto en la visión de la ciudad que propone como en la metodología que conlleva. 

Desde la Carta de Aalborg, aprobada en mayo de 1994, se reconoce la importancia de aplicar políticas efectivas de usos del suelo y de ordenación del territorio que impliquen una evaluación ambiental estratégica, y se hace hincapié en aprovechar las oportunidades que ofrecen las concentraciones urbanas más densas para proporcionar servicios públicos de transporte y suministro de energía más eficientes, y al mismo tiempo, mantener la dimensión humana del desarrollo.

En los compromisos de Aalborg+10, aprobados diez años más tarde, se establecen los diez ejes de trabajo fundamentales, entre los que se incluyen la planificación y diseño urbanístico, la mejora de la movilidad y reducción del tráfico, la gestión de los bienes naturales comunes, el consumo y las formas de vida responsables o la economía local viva y sostenible y la igualdad y justicia social.

En la Carta de Leipzig y posteriormente en la Declaración de Toledo de 2010, también se hace referencia a la necesidad de hacer un mayor uso de los enfoques relacionados con la política integrada de desarrollo urbano, que fomenten, entre otros aspectos, la creación y consolidación de espacios públicos de calidad, la modernización de las redes de infraestructuras y mejora de la eficiencia energética o el desarrollo de sistemas de transporte público eficientes y asequibles.

Tomando en consideración estos documentos de referencia, CAT-MED se articula en torno a cuatro ejes de trabajo: el territorio y la configuración de la ciudad, la movilidad y el transporte, la gestión de los recursos naturales y la cohesión social y económica. En el trabajo relativo a los grupos metropolitanos, como se verá más adelante, se añade además a estos cuatro ejes una reflexión general sobre aspectos relativos a gobernanza y especificidades mediterráneas.

La idea de que la organización del territorio y la configuración de la ciudad tiene un impacto directo sobre la prevención de los riesgos ambientales relacionados con el cambio climático, es una de las cuestiones principales del proyecto CAT-MED. 

La apuesta por el modelo de ciudad compacta y compleja es, al mismo tiempo, una preferencia por la disminución de las distancias recorridas para desarrollar una actividad, lo que supone mejorar la movilidad y la accesibilidad urbana, que redunda en un menor consumo energético, menores niveles de contaminación atmosférica y mayor disponibilidad de tiempo para actividades personales o sociales.

La movilidad y el transporte, claramente relacionada con la configuración del territorio y la organización de la ciudad, adquiere por tanto una especial relevancia dada su relación directa con el consumo de energía y la generación de emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. 

La necesidad de equilibrar los modos de desplazamiento, de forma que el transporte público y los desplazamientos en medios alternativos, peatonales o en bicicleta, prevalezcan sobre el vehículo privado, y que en todo caso sea éste, el privado, el modo de transporte alternativo, es un factor clave para evitar la congestión del tráfico y minimizar el impacto de la movilidad en el medio ambiente.

La gestión de los recursos naturales también presenta una clara dependencia con respecto al modelo de organización urbana de una ciudad. Una mayor necesidad de explotación de los recursos naturales, materiales o energéticos, está relacionada y se ve por tanto influenciada por una mayor ineficiencia en la configuración de la ciudad.

Esta relación entre ineficiencia del modelo de organización urbana e impacto ambiental también se manifiesta en una mayor generación de residuos contaminantes y emisiones a la atmósfera de partículas o gases de efecto invernadero, con el consiguiente impacto en los efectos derivados del cambio climático

Por último, la cohesión social se configura como un objetivo prioritario del modelo urbano de ciudad sostenible. Sin embargo la idea de cohesión social no es una abstracción, sino que se desarrolla físicamente sobre el territorio, espacio donde llevan a cabo sus actividades las personas. En ese sentido la cohesión social y la cohesión territorial forman parte de un mismo concepto, motivo por el que ambas ideas forman parte del enunciado de CAT-MED.

Difícilmente puede lograrse un tipo de cohesión, social o territorial, sin contar la una con la otra. Es bien conocido que habitualmente las políticas sociales se localizan en las periferias o en los arrabales de las ciudades, segregadas espacialmente por los niveles socioeconómicos de los habitantes. En ese sentido, suelen coincidir espacios de infravivienda, mal articulados territorialmente, o zonas degradadas y obsoletas de la ciudad con situaciones de alto desempleo, bajos niveles educacionales y de formación.